Hay quien entra en una habitación y ve una habitación, y hay quien intuye una fotografía, una secuencia o una luz que apenas dura unos instantes. Cristina Tomàs es de las segundas: se desliza por el paso del tiempo mientras retiene la belleza que la rodea a golpe de clic y de rec. Desde su primera cámara, con apenas diez años, la directora y fotógrafa ha entrenado la mirada: primero entre escenas domésticas y videoclubs; después, entre rodajes, teatros, documentales y videoclips. Pero más allá de la técnica o el oficio, es el impulso de congelar aquello que sucede antes de que se desvanezca lo que hace latir su trabajo.
En esta conversación hablamos con ella sobre cómo convivir con el peso de la nostalgia, el recuerdo de los años que pasó en Los Ángeles y el superpoder de encontrar magia en la luz de una escena cotidiana.